Contar las cosas que suceden es
una manera de tomar partido. Cada uno es muy libre de ir pregonando por ahí sus opiniones, faltaría más, pero cuando se entra en el terreno
de las certezas ya no hay vuelta de hoja: Hay que hablar, en conciencia, desde
la Verdad. Un ejercicio imposible para muchos, que prefieren plegarse a los
intereses de su estómago o a otros más inconfesables.
En innumerables ocasiones nos hemos referido a los medios
de comunicación como “medios de manipulación”, y seguiremos en ello porque
hemos viajado, en pocas décadas, del muy loable derecho a informar al muy
perjudicial “intoxica que algo queda” parafraseando la cita que se atribuye a
Goebbels pero que no es más que un remedo de aquella máxima leninista que decía
que una mentira cien veces repetida terminaba pasando por cierta, hecho este
que se puede comprobar con reiteración en la Historia a causa de sus historietas,
tan falsas como incoherentes.
Así que llegamos a la conclusión
de que hoy importa menos informar objetivamente que arrimar el ascua a la
sardina del informador. Mejor aún, aquello no importa en absoluto y la
sardina viene dada por quien paga al informador. Evidentemente, la mejor
manera de desprestigiar la verdad es acompañarla de mentiras para que pase por
una de ellas, como se hace con las personas cuando se las intenta relacionar y
amigar con indeseables. En inverso sentido, cuando se pretende colar una
falsedad se la adorna de detalles veraces, fácilmente verificables, para vacunarse
contra la incredulidad del oyente que tiende a generalizar esa información “si
eso es cierto porque me consta, lo demás también debe de serlo”. Sin olvidar el
momento oportuno en que salta una noticia, aunque lleve unos añitos
guardada en algún cajón de los que pagan que, al cabo, son los que
verdaderamente manejan las sardinas, y las noticias “pantalla” que se
lanzan para esconder otras más graves y/o peligrosas para los intereses y
conveniencias de los sardineros en cuestión, ya saben de nuestra afición
a jugar con las palabras y sus acepciones. Estas son las estratagemas básicas
de la impostura, pueden complicarse, combinarse, o lo que se quiera, pero sus
esquemas básicos son los descritos y hay infinidad de ejemplos a lo largo y a
lo ancho de la inmensidad de Internet, con especial mención de ese
maremágnum audiovisual que es Youtube.
Más, luego el Poder. Como norma
higiénica general nosotros preconizamos contrastar las informaciones de
distintos medios porque somos desconfiados por naturaleza. El Poder corrompe, y
el Poder “omnímodo” (“¿a qué te suena la palabra, Mariano?) o absoluto corrompe
absolutamente, recomendamos prestar más atención a los que llevan la contraria:
Desconfíen de los que son pelotas con los que mandan, los respondones
tenemos más que perder. O que ganar, según se mire.
Si fuéramos ingenuos pensaríamos
que los voceros están a sueldo de sus medios, y que su fin último es crear una
corriente de opinión en buena lid, en un debate permanente y honrado. Pero no es así. Efectivamente, tienen
su(s) sueldo(s) pero quien o quienes son los que pagan ya es más oscuro.
Algunos dicen que es oportuno, en la vida, poner una vela a Dios y otra al
diablo, pero nosotros creemos que si pones una, solo una, al segundo, ya has
elegido bandería. Para condenarte, obviamente. Como mínimo persiguen entontecer
y aletargar a la sociedad para que no se mueva nada, para que no fluya el Libre
Albedrío, el pensamiento libre, desactivando cualquier movimiento, que
contemplan como una amenaza. La mano que mece la cuna es la que mueve los
peones de ese invisible y gigantesco ajedrez cuya pieza más preciada es
atraerse el sentido de la opinión colectiva (lo más colectiva posible) para
decirnos lo que debemos pensar, hacer y a quien se debe demonizar, al margen
del criterio moral, que ese es el menos importante para esta gente con el Poder
omnímodo que les otorga su dinero, sino el que se desprende del relativismo de
sus conveniencias. Mucho más cercano al demonio de la vela y sus sociedades discretas
que a cualquier Enseñanza de Cristo.
Así que no los miren con
candidez. Esos peones que hablan o escriben tan bien siguiendo las
estrategias fundamentales que hemos descrito anteriormente, no son empleados de
sus medios, al fin y al cabo los “medios”, como se desprende de este término
(el lenguaje es más sabio de lo que parece) son sólo eso: medios, útiles,
intermediarios, testaferros del pensamiento que se afanan (y ufanan) en
mantener ocultos a sus auténticos señores y sus perversos objetivos.
Y esos no son otros que desterrar
a Cristo de la faz de la Tierra para convertirle a usted, sí, a usted que ha
llegado hasta este humilde blog, en un simple esclavo que les alimenta,
sostiene y que morirá cuando les apetezca con un simple gesto.
No dejen que piensen por usted. Recuerde que la Verdad le hará libre.
Dios, Fuerza y Honor; Viva Cristo Rey